Es curioso, este domingo me he encontrado con dos artículos muy similares tanto en El País como en La Voz de Galicia, y más curioso aún el hecho de que fue lo primero que me topé al abrir el periódico en un caso y al abrir la página web en el otro. La Voz nos decía que "El estrés mata", destacando la estrecha relación que existe entre niveles muy altos de estrés y el desarrollo de infecciones, el aumento de células cancerígenas y en términos generales la influencia negativa sobre nuestro sistema inmunitario, lo que demuestra una vez más la intrínseca e inevitable relación entre la mente y el cuerpo.

Por otro lado El País nos contaba que "La impaciencia no sirve para nada". Textualmente nos dice:

"Por más que nos quejemos, enfademos y lamentemos, las cosas van a seguir yendo a su ritmo, tal y como lo han estado haciendo y lo van a seguir haciendo siempre. Y no sólo eso. Es muy perjudicial para nuestra salud emocional. Cada vez que nos invade la impaciencia es como si tomáramos un vasito de cianuro, vertiendo veneno sobre nuestra mente y nuestro corazón. Eso sí, a pesar de que vivimos en una sociedad que premia y ensalza la velocidad y la inmediatez, desprenderse del hábito de "querer las cosas para ya" es posible. Todo se reduce a un simple cambio de actitud."

Por supuesto que fácil es decirlo y qué difícil es ponerlo en práctica. Hay situaciones en las que la impaciencia nos puede ayudar a anticiparnos y estar preparados para una determinada situación, pero en muchas ocasiones, es cierto, no sirve para nada. Preocuparse es ocuparse antes; para qué?. Esperemos pues que llegue el momento de ocuparse de verdad. Que sabio es el refranero popular cuando nos aconseja "No por mucho madrugar amanece más temprano"... me encanta este refrán.

Os dejo aquí una pequeña historia de Confucio:

Vivir el momento

Cuenta una historia que el sabio Confucio animó a uno de sus discípulos a caminar por un bosque. Mientras el maestro paseaba distraídamente, silbando y observando los árboles y los pájaros con los que iba cruzándose por el camino, su acompañante parecía nervioso e inquieto. No tenía ni idea de adónde se dirigían. Harto de esperar, finalmente el discípulo rompió su silencio y le preguntó: "¿Adónde vamos?". Y Confucio, con una amable sonrisa en su rostro, le contestó: "Ya estamos".

0 comentarios:

Publicar un comentario

Lunax Free Premium Blogger™ template by Introblogger